ACTUALIDAD
5.8.2016

Una delegación para la historia

Sólo una vez en la historia hubo una delegación argentina tan numerosa en un Juego Olímpico: allá a lo lejos y hace tiempo, Londres 1948 recibió a 213 atletas, los mismos que ya se encuentran instalados en la Villa Olímpica de Río de Janeiro, a la espera de desfilar por el Maracaná encabezados por Luis Scola, abanderado y doble medallista olímpico, y de que la llama olímpica se encienda para poder satisfacer sus ansias de competencia y de gloria.

Coincidieron dos factores para que Argentina haya alcanzado un crecimiento del 55% en su delegación respecto a los últimos Juegos, a los que asistieron 137 deportistas. La localía de Brasil liberó plazas que normalmente se llevan los vecinos para deportes por equipos, que sumaron 40 lugares entre las dos selecciones de handball y el equipo femenino de vóley.

Y a este hecho se sumó el trabajo de seis años del Enard: las Olimpíadas de 2012 llevaban apenas dos años bajo el modelo de financiamiento público del alto rendimiento, y la mirada estuvo siempre puesta en Río 2016, que según el propio presidente del Comité Olímpico Argentino, Gerardo Werthein, será el primer Juego de “los hijos del Enard”, aquellos que nacieron y crecieron bajo el sistema y pudieron preparar el ciclo completo.

“Los deportistas antes tenían que vender el auto para ir a un Juego Olímpico. Hoy están preparados como en el primer mundo”, afirma Werthein, y agrega que “nuestro presupuesto sigue siendo exiguo respecto a las potencias, pero hemos logrado que sea la mejor preparación en décadas”.

Así, los resultados que se verán en Río “deberían mejorar la performance de Londres”, analiza Werthein. Argentina trabajará para superar aquellas 4 medallas y 10 diplomas olímpicos con una delegación mucho más numerosa: contará con varias chances de medalla (hay posibilidades en básquet, boxeo, fútbol, hockey, natación, rugby, tenis, tiro, vóley y vela, más alguna sorpresa), aunque muchas son meras esperanzas y ninguna se puede dar por descontada. El crecimiento del deporte argentino “no se traducirá necesariamente en medallas”, que dependerán de cruces, del día de cada atleta y de los rivales, avisó el propio Werthein.

El medallero, en ese sentido, no será necesariamente botón de muestra del crecimiento del deporte argentino en el último ciclo olímpico: en esta primera etapa del Enard, Argentina está apenas intentando volver a ser competitiva a nivel mundial, un camino tortuoso y complejo que depende no sólo del dinero que se vuelque, sino de la administración que de él hace cada federación. De hecho, Argentina participará en 92 de las 306 competencias y sólo en 20 los antecedentes ubican a los argentinos en el top 10.

Y el salto, afirman desde el propio COA, no se dará hasta que la base de la pirámide, el deporte juvenil, se ensanche: Werthein, junto con la Secretaría de Deportes, quiere llevar el deporte a las escuelas, y planea “un Enard para construir infraestructura deportiva”, otra de las falencias profundas que ponen techo al crecimiento y las aspiraciones de la patria deportiva.

Los seis años de Enard han servido, en ese sentido, para alimentar a la elite, pero no para ampliar el surgimiento de talentos. El proyecto ha resultado exitoso, de todos modos, en su finalidad, con un marcado crecimiento de atletas olímpicos respecto a 2012 que ha redundado en la Región: la Ciudad tendrá en Río una frondosa representación, una de las más numerosas de todos los tiempos.


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